Poeta frente a comandante


El poeta Javier Sicilia se reunirá con el comandante Felipe Calderón en condiciones desventajosas. Para empezar, presentará cercenado el universo de planteamientos que escuchó a lo largo de las marchas que ha encabezado (una, con destino a la ciudad de México; otra, hacia Ciudad Juárez), pues se ha negado a dar curso a los acuerdos que en mesas de trabajo tuvieron los dirigentes de organizaciones civiles de la urbe fronteriza, quienes no solamente están mayoritariamente en contra de sesiones de diálogo con el actual ocupante de la silla presidencial sino que incluso demandan su sometimiento a un juicio político, junto con algunos de sus bélicos colaboradores.

Con esa exclusión, que pareciera haber sido una condicionante o un necesario ingrediente para avanzar en las negociaciones rumbo al encuentro de este jueves en el Museo de Antropología de la capital del país, se subraya el carácter personalísimo de la conducción de una movilización nacional, se desdeña la experiencia de los juarenses en cuanto al trato con el aparato gubernamental federal y se ahorra al licenciado Calderón el tratamiento público de una ríspida exigencia creciente que busca su renuncia, destitución o enjuiciamiento (bueno, ya ni siquiera se pretende la salida del medallista secretario de seguridad pública, Genaro García Luna, que originalmente había exigido en un arranque discursivo el propio Sicilia).

Otro riesgo, relativamente injusto, correrá también el movimiento por la paz y la justicia cuando este jueves sus dirigentes escogidos se sienten frente al felipismo combatiente. En un escenario altamente polarizado, consolidado como está el escepticismo frente a los procesos políticos institucionales y en un caldo de cultivo muy propicio para considerar debilidad e incluso traición el hecho de dialogar y negociar con la contraparte a la que con fundadas razones se considera oportunista, manipuladora e inamovible en sus propósitos reales, la cúpula del movimiento nacido en Cuernavaca llega con poca habilidad política y, al menos en los primeros escarceos, sin la claridad ni la fuerza suficientes para impedir que el calderonismo comience, como lo ha hecho ya, a asignarse cuotas de ganancia política y de imagen.

Relativamente injusto ese riesgo, se dijo líneas arriba, porque no debería darse un enfoque negativo al hecho en sí de dialogar y negociar con el adversario, pues justamente una de las responsabilidades de los dirigentes de movimientos políticos y sociales es buscar la satisfacción del mayor número posible de sus demandas, y ello suele requerir del instrumental que, por desgracia, y como una de las consecuencias del envilecimiento de la actividad política que se ha vivido en México, es frecuentemente descalificado y satanizado. Sicilia y quienes le acompañarán al encuentro con Calderón y algunos miembros de su gabinete no merecen desconfianza por el hecho de ir a dialogar públicamente (Marcelo Ebrard se ha negado implacablemente a dejarse tomar fotografías saludando o flanqueando a Felipe Calderón, pero en los hechos ha tenido y sostenido negociaciones políticas indirectas, constantes y evidentes, con él).
Por ello es necesario advertir las condiciones desventajosas, el adelgazamiento de la protesta (sobre todo al excluir la voz de los juarenses) y el riesgo de la manipulación que caracterizan un encuentro de esta naturaleza, y el hecho de que ese movimiento nacional de protesta pueda caer en desgaste, controversias inútiles y entrampamiento. Calderón es un interlocutor sordo al que con voluntarismo opositor se le pretenden destapar los canales auditivos, y las ceremonias oficiales anteriores de atención a quejosos provenientes de desgracias familiares han terminado en material propagandístico utilizado para reforzar las tesis bélicas en curso, así que no es mucho el rango de confianza que se puede otorgar a sesiones como la que se realizará este jueves.

Y, sin embargo, la rendija de esperanza reside en que el coraje y la convicción del poeta Sicilia (otra vez, el factor personalísimo) sean capaces de impedir que el jueves el calderonismo se alce con una victoria fabricada con base en propaganda y control mediático. De la entereza y el valor de Sicilia y sus acompañantes dependerá que mantenga posibilidades de avance la siguiente etapa anunciada, la de una amplia movilización de protesta y desobediencia civil que deje atrás, como una etapa a la que se hubo de dar cumplimiento táctico, el fallido diálogo con el comandante Calderón, sabidamente empecinado en no variar ni en una gota de sangre su estrategia de control social mediante el pavor.

Como ejemplo de esas truculencias en las que se ha especializado el Señor de las dos guerras (una, contra el narco; otra, contra el PRI), se va abriendo paso la versión de que PRI y PAN (luego de la intrigante liberación de un pájaro tijuanense de cuenta) están afinando detalles para reabrir en agosto, en periodo legislativo extraordinario, la posibilidad de que sean aprobadas dos de las propuestas que el licenciado Calderón tanto necesita, la laboral (que había sido frenada por el temor peñanietista de que caciques sindicales mexiquenses se rebelaran electoralmente en julio contra el tricolor por autorizar la llamada ley Lozano) y la Ley de Seguridad Nacional que formalizaría la atribución felipense de dictar, de facto, estados de excepción. Pero, en ese canje de rehenes, los priístas, que habrían cedido en lo legislativo, a cambio de la liberación de un precandidato a gobernador de Baja California (y tal vez de la entrega de dos de las tres piezas del IFE pendientes de designar, una de ellas, intercambio de favores del tricolor con Televisa), han vuelto a tomar posiciones bélicas, al acusar ante ese mismo IFE a un trío de secretarios del gabinete calderónico de activismo electoral utilizando recursos públicos. Es decir, Cordero, Lujambio y Lozano serían las nuevas fichas de cambio.

Y, mientras El Chango de La Familia es exhibido como la más reciente pieza de captura del safari pinolero, ¡hasta mañana!

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